Antoñita la fantástica

Bitácora de una mentirosa compulsiva e irracional donde se cuentan hazañas inventadas y paranoias mentales de tercer grado. No apto para adultos.

Nombre: Antoñita
Lugar: Pais de las piruletas, Babia

“¡Ay, qué Antoñita tan Fantástica!¡Esta criatura tiene demasiada imaginación!-Decía el otro día la señora de Manzanillo- como si ella entendiera más que nadie de imaginaciones...

abril 03, 2006

HIATUS

Antoñita abandona el blog hasta la próxima recepción de ideas. Estamos esperando al pedido, es posible que llegue pronto.
No cambien de canal :)

diciembre 29, 2005

"Psicópata busca a muchacha para relación corta"

¡Que sería de un pueblo sin sus chismes, sus cabras y sus psicópatas!. Porque en todo pueblo siempre hay ovejas negras. Y Anacleto era una de ellas, muy famosa por cierto. La historia de este hombre tan extraño nunca ha dejado indiferente a nadie. Menos aún a su familia por supuesto...
Comencemos por hacer una descripción de nuestro protagonista. De padre y madre biológicamente pelirrojos, altos y pies grandes. Ancleto José Gutierrez Fresnadillo nació moreno y bajito. Todo el mundo pensaba que había salido a su tía Antonia (que en paz descanse). Su carácter, era tremendamente infantil. Aficionado a las novelas románticas y al ajedrez. Sentía una fascinación absoluta por las ardillas y roedores en general. Por las noches dormía con un ojo abierto y el otro cerrado. Recordaba solamente la primera letra de los nombres de algunas personas. También le gustaba mordisquear las postales, ya que durante su tierna infancia terminó con todas las uñas de sus diez dedos. Ah por cierto, estuvo enamorado de una niña pirómana llamada Paqui (la cual no le hacía demasiado caso)...
Bueno, esta es sin duda una breve descripción de Anacleto. Por supuesto, he omitido algunos detalles que no han querido aportar sus allegados. Quizás por vergüenza o por respeto hacia su intimidad. Pero no estamos aquí para discutir ese tema. ¡Quiero contaros lo que pasó con Anacleto José y Paquita primero! Este muchacho que compartía pupitre con Mengano en la escuela (todos recordareis la historia de Fulano y Mengano) adoraba a Paquita. Tal era su amor por ella, que en los recreos, reservaba su chicle favorito para pegarselo SÓLO a la niña en el pelo. Él no entendía que las patadas, los pellizcos y las bolas de papel no eran sinónimo de querer a alguien. Y la cosa continuó hasta que se graduaron. Paquita, ansiosa por quemar cosas en otros países, esperó a que la nombraran y la dieran su diploma para viajar al extrajero. Pero no fue así. Anacleto recogió su diploma y le pegó en la cara a Paquita con el rollo de papel. - ¡Ja!-dijo Anacleto-. Entonces Paquita, que ya había aguantado demasiado en el colegio ya no pudo más y le pegó un bofetón en la cara.- ¡Niño estúpido, maleducado y grosero! ¡Te odio, te he odiado siempre! ¡Ojalá alguien te saque los ojos con una cuchara, se coma tus intestinos y los vomite en un estercolero!
Entonces se hizo el silencio. Anacleto José salió corriendo de allí sin soltar el diploma y lloró amargamente en su habitación. En la cocina. En el cuarto de planchar. En el baño. Y en todos los rincones de su casa. Aunque la pena duró solo 10 años, después consiguió rehacer su vida con una brasileña llamada Regina (...) cuyo único interés era quitarle a escondidas los billetes de la cartera para ir jugar al bingo. Lo curioso es que Ancleto José Gutierrez Fresnadillo parecía la persona mas normal del mundo. Trabajaba como todo el mundo. Comía como todo el mundo. Incluso iba a misa todos los domingos. Pero por las noches, se convertía en un psicópata despiadado . Su método consistía en hacerse amigo de las niñas, las ancianas o las mujeres con las que hablaba. Él no hacía distinciones por edad, aunque se decantaba por las adolescentes. Eran sus presas favoritas. Anacleto regentaba puticlubs muy a menudo, eso hay que decirlo. Como su vida sexual era escasa y las masturbaciones frente a los colegios resultaban peligrosas, esos antros fueron su salvación. Las prostitutas, (algunas con escaso sentido común) aceptaban acompañarle a su casa para terminar la faena. Pero todas desaparecían. La policía claro está, no quiso saber nada sobre aquellas repentinas desapariciones...
Un dato que encuentro curioso, es que Anacleto dejaba hojas de papel en blanco encima de sus victimas. Las descuartizadas no contaban. Y sobre los métodos que utilizaba mejor no mencionarlos. Solían ser desagradables y es posible que algún menor de setenta años esté leyendo esto ahora mismo. Ahora bien, la triste historia termina aquí. Anacleto el psicópata, fue descubierto una noche en la que una de las prostitutas le desenmascaró. Aquella noche Anacleto había bebido más de lo normal y Regina estaba...bueno sencillamente no estaba en casa. Así que fue al puticlub y pidió "mercancía nueva" porque era así como las llamaba. Subió con una chica a la habitación y él antes de tumbarse en la cama le preguntó:-¿Como te llamas preciosa?-Me llamo Paca. Paquita para los amigos-contestó ella.Anacleto la miró y llegaron a su mente recuerdos de su infancia. Chicles masticados y diplomas. Cuando Paquita le preguntó que si le pasaba algo, contestó que se parecía a una amiga suya. Sólo eso.Pero Anacleto quería matarla. Estaba seguro de que era Paquita. La niña que quería sacarle los ojos con una cuchara. Era tal y como la recordaba, con sus ojos azules y su pelo rojo. Dicen que intentó ahogarla con el cable del telefóno y ella para defenderse le aporreó con algo metálico en la cabeza. Después él quedó inconsciente y medio puticlub se enteró de tal noticia. Resulta que medio pueblo también se enteró de la noticia y Anacleto fue acusado de intento de homicidio. Suponemos que ahora cumple condena y Paquita ha vuelto a comer chicles de fresa. Pero son sólo chismorreos. Ya sabes...

diciembre 24, 2005

Regalo

diciembre 22, 2005

Historias Necrológicas II

-"Realmente podría acabar con él. Mientras duerme. Podría envenenarle poco a poco. O maldecir su alma. Pero no lo he hecho. Desde que llegué no ha dejado de tratarme como a una niña. Le odio, quiero volver a mi casa. Pero ya es tarde".- Morgana suspiró y cerró los ojos. Soñó con sus padres y aquella extraña gente que vivía en Ascalon. Pero hubo algo en ese sueño que paralizó su corazón, la imagen de Aegir. Su rostro lleno de sangre y la visión de varios extraños monstruos a su alrededor...

La pesadilla duró brevemente porque a las pocas horas Aegir le despertó. - ¡Vamos, tienes mucho que aprender!- dijo Aegir mientras le tiraba ligeramente del pelo. Desde luego el viejo no tenía demasiado tacto...
Morgana cogió su abrigo y salió fuera de la cabaña tras el anciano.
-Hoy te enseñaré algo útil. Muchas de estas muertes pueden salvar tu pellejo. Así que estate atenta y no pierdas ni un detalle.
Ella asintió silenciosamente mientras el odio hacia Aegir crecía en su interior. Caminaron unos metros y divisaron lo que parecía ser un lobo. No era demasiado grande o al menos eso parecía. Aegir señaló al animal y después miró fijamente a Morgana.
-Mátalo.
-¿Qué?-contestó Morgana estupefacta.
-¿Estas sorda? Haz lo que te digo y no preguntes.
El viejo le ofreció un hacha y la agarró firmemente de la muñeca. ¿Por qué tengo que matarlo? - se preguntaba mientras miraba al lobo- ¡¿Por qué?!
Finalmente ambos caminaron sigilosamente hacia el animal y Morgana cerró los ojos.
-No los cierres. No todos tus enemigos serán tan amables como este. En cuanto te des la vuelta creeme, irán a por tí.-susurró Aegir-.
-Lo siento.-contestó Morgana-.
Abrió los ojos y contempló al lobo. En esos instantes hubiera preferido matarle a él. Pero no era el momento. Todavía no. Con lágrimas en los ojos levantó el hacha y asestó un golpe mortal. El lobo emitió un ligero chillido y después cayó desplomado en la nieve.
-Lo has hecho muy bien. Ahora observa.
El anciano levanto las manos e hizo varios movimientos. Dijo algo en voz baja, algo que Morgana no llegó a descifrar. Segundos después algo salió del cadáver. No era ningún tipo de animal que ella conociese. No tenía orejas, ni pelo. Ni siquiera era un insecto. Resultaba desagradable y grotesco, pero Morgana no se asustó.
-Este es y será mi siervo. No tiene alma ni corazón. Nacen de la muerte y viven de ella. Aprende a dominarlos si quieres seguir con vida en estas tierras. -dijo Aegir mientras sonreía-.
"Seguir con vida". Resultaba irónico viniendo de alguien que no había mostrado ningún interés por ese animal. En parte sentía remordimientos por lo que Aegir y ella le habían hecho.
-¿Alguna vez has utilizado una espada?-preguntó Aegir irónicamente-.
-Nunca-contestó Morgana-.
-La próxima vez utilizarás una para que tengas tu propio engendro. Te será útil aprender a manejarla. El hacha déjasela a los leñadores.


Ella contemplo al bicho y después fijó su mirada en el lobo muerto.

diciembre 07, 2005

Historias necrológicas I

"Los humanos de Tyria están al borde de la extinción y únicamente sus héroes pueden salvarlos. Los muchos que han optado por aprender una de las seis profesiones y los poderosos clanes a los que pertenecen son la única esperanza contra los ejércitos de los muertos vivientes y otras criaturas que aspiran a la dominación total del mundo y la destrucción de la raza humana. (...)"
(Guild Wars, Prólogo)


La protagonista de esta historia no eligió su profesión, quizás fue su profesión la que le eligió a ella. Morgana Rosstfer fue desde su niñez, una persona introvertida y arrogante capaz de alcanzar sus metas a cualquier precio. Siendo aún muy niña, aprendió que confiar en alguien solo podría traerla desgracias.
También descubrió que la belleza no habitaba en la vida, sino en la muerte. Por eso se alejó de aquella ciudad (Ascalon), para sumergirse en la disciplina y el aprendizaje mágico de la Nigromancia. Aunque no estaría sola, necesitaba un maestro. Aegir Ithiel, era un anciano de aspecto sombrío y marchito. Los padres biológicos de Morgana confiaron en que la niña debía tener un "padrino". Alguien que se ocupase de su educación cuando ellos no estuvieran. Realmente no se conocen las causas sobre la muerte repentina de sus progenitores. Las malas lenguas afirman que fue la propia Morgana la que se encargó de utilizarlos como experimento para practicar alguna de sus habilidades innatas. Pero Aegir nunca quiso mencionar nada al respecto...


Morgana salió de Ascalon cuando aún no había cumplido la mayoría de edad. Pese a ser muy diferente a las demás chicas de su edad, el viaje hacia la Hondonada de Deldrimor supuso un choque emocional demasiado grande para ella. Dejó sus pertenencias y recuerdos mas queridos en aquella ciudad (por no mencionar la idea de formar una familia y tener una vida normal). Cuando Morgana llegó a su destino exhausta y fatigada, Aegir la recibió con frialdad mostrando total indiferencia hacia su aspecto demacrado por el peregrinaje.
- Se que el camino no ha sido fácil - susurró Aegir -. Veo en tus ojos la nostalgia y el miedo hacia tus sentimientos. Has de saber que aquí no hallarás respuestas sobre tu pasado. Procura ser cautelosa y obediente, éste será tu hogar desde ahora.
Morgana guardó completo silencio y miró al viejo fijamente. Aunque llevaba una capucha que cubría su rostro logró atisbar una mirada agonizante llena de dolor. Él abrió la puerta de la casa y permitió que entrara la joven nigromante.

mayo 29, 2005

Seres extraños

¿Quién no ha tenido nunca un duende en su jardín? ¿O debajo de su cama? Aunque parezca mentira estos seres existen. Se encargan de esconderte las llaves del coche y cambiar de sitio los objetos valiosos. A veces se esconden dentro de los armarios, pero son tan pequeños que pasan inadvertidos entre tus calcetines. En los días de lluvia mis hermanos y yo solemos colarnos en los jardines de los vecinos para espiar a los duendecillos. Nadie los sabe, excepto nosotros...


Una vez fuimos a cazarlos vestidos de colores llamativos. Dicen que les gustan mucho las flores por eso tuvimos una genial idea: ponernos camisetas amarillas, pantalones verdes y calcetines rojos. La gente nos miraba con asombro, pero no podíamos contarles que íbamos a cazar duendes. Así que, ni cortos ni perezosos saltamos la verja de nuestra vecina Hortensia y nos escondimos entre los matorrales. Nos tropezamos con varias macetas, algunas de ellas muy deterioradas por la humedad y buscamos en ellas algún excremento de duende. Pero era difícil adivinar su escondite si no encontrábamos ningún rastro. Más tarde nos percatamos de una cosa, Hortensia había tapado un hueco con tablas viejas y algunas de esas tablas se habían caído al suelo. Además entre el barro había pequeñas pisadas y se dirigían hacia aquel rincón. ¿Casualidad? Mis hermanos sacaron de sus mochilas varias cámaras de fotos desechables, una red que encontraron en la cocina (que servía como transporte para llevar patatas) y varios trozos de queso. Nos colocamos muy cerca del agujero con cuidado para no hacer ruido y uno de mis hermanos insistió en que levantase las tablas que quedaban.
Y ahora os preguntareis... ¿Encontraron algún duende? La verdad es que allí solo había un agujero. Lo bastante grande para que entrase un animal pero pequeño para una persona. Supuse que uno de sus 8 gatos utilizaría aquel hueco para salir a la calle.
Desilusionados, volvimos a casa sin fotos, con un montón de queso y una red vacía. Aunque podría asegurar que vi algo correr cuando me giré al ver el jardín a lo lejos...


febrero 22, 2005

Hogar dulce hogar

En mi pueblo siempre recibimos a la gente con pancartas o fuegos artifiales. Tiramos confeti, cubos de agua y tomates si hace falta. Nos subimos a los balcones y chillamos hasta que no nos quedan cuerdas vocales. Todo para que los extranjeros se sientan como en casa. Quizás parezca exagerado pero en realidad somos personas muy hospitalarias. Tanto que dejamos que todos los vagabundos y animales que no tienen hogar permanezcan en nuestras casas el tiempo que haga falta. Es una ley que fue promulgada allá por el año 1863 y que sigue siendo vigente hasta ahora. Aunque algunos se la salta, como Camilo el vecino del 3º. Dice que tiene tres ardillas amaestradas, que las encontró cuando hacía el Camino de Santiago. Pero nunca se le ve trayendo comida ni tirando excrementos de ardilla...

Ahora en invierno no es fácil tener inquilinos. Hace demasiado frío y apenas se puede salir a la calle. Yo me siento delante de la ventana a observar la calle y esperar que pase alguien que se haya perdido o simplemente haya llegado de otro pueblo o ciudad. Pero no me queda mas remedio que seguir esperando, por lo menos hasta que pase el invierno.